El ordenador que se convirtió en reliquia

Hoy en día, abrir un programa en nuestro ordenador es algo tan habitual que no prestamos atención a lo que realmente está sucediendo en sus entrañas. Encendemos el ordenador, esperamos a que se cargue el sistema operativo, localizamos el icono de nuestra aplicación y finalmente hacemos sobre él un par de clics. Y así, en quizá menos de un minuto, ya estamos trabajando, jugando o navegando por Internet.

Hace poco más de 25 años, sin embargo, las cosas eran “ligeramente” distintas. Echémosle primero un vistazo a lo que por aquel entonces era un “avanzado” ordenador, el IPC-16P de National Semiconductor, utilizado por ImesD en sus inicios:

Podéis ver tres elementos:

  1. A la derecha, una caja que contiene la fuente de alimentación y la placa base con sus placas de expansión.
  2. Una pantalla con teclado incorporado.
  3. Bajo la pantalla, una unidad doble de lectura/escritura de discos.

Los discos mostrados encima de la caja que contiene la placa base tenían un tamaño de 8 pulgadas y una capacidad de 256 Kbytes (¡ necesitaríamos 20 discos para almacenar la foto anterior !). Para que tengáis una idea de cómo eran de grandes, hemos puesto un bolígrafo para compararlo:

Aunque hoy nos resulte cómico, hay que decir que poder utilizar esos discos era un gran avance. Antes de que existieran, los programas se almacenaban en largas cintas de papel perforado que apenas podían almacenar 4 KBytes y que eran leídas por unidades ópticas que convertían la alternancia de agujeros en ceros y unos; pero esa es otra historia.

Ahora viene lo divertido… ¿Donde está el disco duro con el sistema operativo y los programas? Pues muy sencillo: no había. Cada vez que el usuario quería trabajar con el ordenador, tomaba un disco con el sistema operativo, lo metía en la unidad de disco y lo cargaba en la memoria RAM de la placa base (que era solo de 12 KBytes! – menos que una tarjeta SIM). Entonces, si el usuario quería editar texto, tomaba el disco con el programa editor de textos, lo cargaba, y ya podía escribir. Si entonces necesitaba trabajar con otro programa, salía del editor, tomaba el disco con el nuevo programa y repetía el proceso, todo a través del panel de control frontal de la placa base:

Los discos duros que tenemos hoy en día nos ahorran el paso de ir cargando el sistema operativo y los programas en memoria, de manera manual, a medida que los necesitamos. Además, la cantidad de memoria RAM de la que disponemos actualmente nos permite tener muchos programas ejecutándose a la vez.

Por cierto… Hoy podéis comprar un ordenador por 300 euros (incluso menos). El IPC-16P costaba, en su momento, el equivalente a 40.000 euros!

Os dejamos con un detalle de la placa base del IPC-16P, en el que puede apreciarse, al fondo, un enorme condensador de la fuente de alimentación (el objeto cilíndrico) y, en el lateral izquierdo, los cuatro ventiladores que refrigeraban el conjunto:

 

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Claudi Martínez

Autor: Claudi Martínez

Claudi se incorporó a ImesD en 2003. Empezó realizando proyectos de mejora de las terminales de control horario y accesos, y posteriormente introdujo la tecnología de reconocimiento de huellas dactilares. Actualmente se encarga del diseño y desarrollo de la nueva gama de relojes de fichar y de programas ImesD. Puedes seguir sus publicaciones en Google+ o Twitter.